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¿Entiendes la justicia como fin del Derecho? Aquí te la explicamos

Abogada egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Monitora por el Edo. Bolívar de Amnistía Internacional. Diplomado en Transporte y Comercio Marítimo. Editora en Handbook

La justicia como fin del Derecho es una de las teorías más básicas para el estudio y entendimiento de la ciencia jurídica en la actualidad. Siguiendo la doctrina del autor José María Olaso en su libro Curso de Introducción al Derecho, explicaremos las distintas acepciones y clasificaciones que este fin posee. Esperamos te sea útil.

Justicia como Fin del Derecho

Justicia como conocimiento

Esta es una de las acepciones de la justicia como fin del Derecho, el autor Rafael Preciado Hernández en su libro Lecciones de Filosofía del Derecho establece lo siguiente al respecto:

La justicia es el criterio práctico que expresa la armonía e igualdad postuladas por el orden ontológico en cuanto éste se refiere al hombre.

Podemos decir entonces que la justicia como conocimiento es un criterio práctico, ya que hablamos de un conocimiento dirigido a la acción, donde la persona descubre de forma natural la justicia con el tiempo. De esta forma, lo aplica cada vez más en esferas extensas de su vida.

 

El fundamento que posee esta acepción, de acuerdo al doctrinario José María Olaso, es el siguiente:

El fundamento de dicho criterio práctico no es el capricho, ni la subjetividad individual, sino algo ontológico que es la naturaleza humana – racional, libre y social…

De esta forma, el hombre busca a través de este criterio una armonía en la sociedad e igualdad entre las personas.

Justicia como virtud

Dentro de los conocedores que aceptan a esta acepción como la más correcta encontramos al jurista romano Ulpiano, el cual definía a la justicia como:

Es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo.

De esta forma, Ulpiano consideraba que la justicia era una virtud que inclinaba la voluntad del hombre a la realización de un bien. Al establecer que es la voluntad de dar a cada uno, significa que por voluntad de la persona se le atribuye a otra algún derecho o deber.

 

De esta definición podemos establecer una serie de requisitos: la alteridad de personas, la existencia de deberes y derechos, la igualdad y la objetividad. Se dice que debe existir una alteridad de personas puesto que la justicia no puede distinguir entre clases sociales, razas o capacidad económica.

 

Deben existir deberes y derechos ya que lo que se le atribuye a la otra persona es un auténtico derecho y un deber subjetivo. Hablamos de una justicia igual, porque sin igualdad de términos y posibilidades, es decir, una proporcionalidad de posibilidades entre cada persona, no habría justicia. Por último, es objetiva puesto que no atiende a la persona como tal, es universal.

 

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Justicia como ordenamiento jurídico

Otra de las acepciones de justicia como fin del derecho es:

El ordenamiento jurídico que obliga a dar a cada uno lo que le corresponde en sociedad.

Esto es considerado así porque todos los derechos y deberes que exige la justicia están siendo regulados por las normas jurídicas,  positivisados, prescindiendo de la intención y de la voluntad del sujeto.

 

De esta forma, y tal como las normas jurídicas, la justicia se puede dividir en justicia absoluta y justicia relativa. Llamamos a la justicia como absoluta cuando es expresión de normas obligatorias e inmutables, tales como las de carácter penal. En el mismo orden, la justicia es relativa en los casos en las que las normas no son inmutables, porque pueden organizarse de una u otra manera. Ejemplo de ello son las normas administrativas.

Justicia como ideal

Por último, se puede decir que la Justicia es el ente superior, el ideal que el derecho aspira a realizar. Olaso lo explica en su libro Curso de Introducción al Derecho Tomo I de la siguiente forma:

La justicia así considerada es un valor, o sea, un arquetipo perfecto que – como la verdad, la belleza o la bondad – encarna a veces en ciertos actos o en ciertas cosas dándoles esa cualidad.

Esta nace de una intuición fundada en la moral, la cual forma el ideal que moldeará el Derecho que conocemos.

Clasificación

La doctrina clásica divide a la justicia como fin del derecho en tres clases, dependiendo de a quien o quienes se encuentra dirigida. De esta forma, podemos decir que la justicia puede ser general o legal, particular distributiva o particular conmutativa. A continuación explicaremos de forma breve cada una de ellas.

 

Justicia General o Legal

Podemos definirla como aquella que exige a cada uno de los miembros de la comunidad el ordenar de forma adecuada su conducta al bien de la misma comunidad.

 

Se llama general porque obliga a todas las personas y tiene el fin de mantener el bien común en una sociedad a través de las leyes. Esta es deber casi enteramente de los gobernantes, ya que tiene la misión de organizar al Estado y a los particulares a través de las leyes.

 

Justicia Particular Distributiva

Es entendida como la parte de la justicia que regula la participación de los particulares en la sociedad, específicamente en los bienes acumulados por ella. Su finalidad es la de proteger a los particulares contra los abusos del Estado y sus órganos.

 

Aquí el sujeto activo son los particulares y el sujeto pasivo es el Estado, y la relación existente es de subordinación entre los primeros y los últimos.

 

Justicia Particular Conmutativa

Esta regula las relaciones entre los particulares y mantiene entre ellos la paz. Normalmente existe en los contratos y las actividades mercantiles, particularmente ramas donde el Derecho es privado y no público. Su fin es el obtener la libertad y la independencia entre iguales.

Conclusión

La justicia como fin del derecho abarca las distintas acepciones de cada sistema filosófico del Derecho. Ya sea como un conocimiento, como virtud, como ideal o como parte del ordenamiento jurídico, el comprender a la Justicia es una necesidad para todo aquel que estudie o que se interese por las ciencias jurídicas. Esperamos te haya gustado nuestra explicación, hasta una próxima oportunidad.

 

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